Estoy de vacaciones y empiezo a sentir el dulce sabor de la vagancia, de la ociosidad, de pensar en irme y al finar quedarme; de pensar hacer y al final empantanarme. Es algo así como jugar a ser libre, a desentrañar mi tiempo.
Aunque para ser sincera aun no recuerdo que hice o que rumbo tome en mis últimas ociosidades. Recuerdo que al final todo se redujo a nada y que solo me limite a sacarme las muelas del juicio que quizás no tengo o perdí en ese momento.
A decir verdad tengo toda una maleta llena de quehaceres, de diligencias y de proyectos que con un poco de suerte quizás los lleve hasta la mitad... Quién sabe.
Me veo sentada frente al computador pensando en un curso que acabo de empezar y ya quiero terminar; saboreando el viaje de ida hacia mi pueblo y odiando el instante en que tenga que iniciar el camino de regreso.
Me encuentro pensando de nuevo en ti… Papá. En ir a visitarte y preguntarte en el silencio que tal estas? Qué tal te va? Si nos extrañas. En fin… Tengo tiempo de sobra que dedicarte… que pensarte.

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