sábado, 18 de febrero de 2012

#SOLOPIENSO...

Últimamente me he puesto a meditar, sobre la cantidad de personas y situaciones incomodas que circulan diariamente en nuestras vidas.
Tropezamos, y cuando creemos que es solo un pequeño dolor en algún dedo, al final resulta ser solo el inicio de una obra teatral de suspenso donde te mareas, te desmoronas y quizás con un poco de suerte logras sostener  tu cabeza.
Y ahí esta Dios, el mejor de los amigos gritándole a tu subconsciente de que no todo es tan malo que no tenga solución, pero aun así no lo crees, no lo asimilas y te trancas, te encierras en ti misma como si fuese el único caparazón que pudiere protegerte de la crueldad del mundo exterior.
Y ahí están ellos, los amigos, los verdaderos,  los que te fallan de vez en cuando y te enseñan el arte de perdonar, de ser sincero, de amar defectos y valorar virtudes.
Luego siguen los demás, los transitorios, los que te apasionan, te hacen confiar, sentirte único e irremplazable que al final resulta ser mas que un simulacro de amistad donde si no abres los ojos a tiempo, te derriban, te noquean, te aplastan cual si fueras el peor de sus enemigos.
Y aquí estoy yo, observando desde afuera como si no fuese parte de esta película, decepcionándome en silencio y tragando parte de la rabia e indignación que poco a poco me consume, por no poder adaptarme al mundo en el que vivo, a sus vaivenes, a sus día a día, a su realidad.

Al final evoco la canción que tanto eco
hace en mi cabeza, me siento y ... 
....“solo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente”.